El Staphylococcus aureus es una bacteria comensal gram positiva, que debe su nombre al color amarillo que se observa en sus colonias (Imagen 1). Morfológicamente se caracteriza por su forma redondeada (coco) y su distribución en racimo de uvas.
| Imagen I. Visualización de Staphylococcus Aureus en placa de Petri. Licencia Creative Commons. |
Su
patogenicidad, es decir, su capacidad para infectar y causar daño, se debe a
las toxinas que produce. Así, debido a la actividad de estas puede haber
manifestaciones clínicas tales una intoxicación alimentaria (caracterizada por
fiebre y vómitos) a un shock tóxico (infección grave que puede resultar en la muerte
del enfermo). En cambio, otras manifestaciones clínicas, como infecciones
cutáneas o osteomielitis, van a depender de su proliferación y concentración.
Cabe
destacar que su epidemiología, y también su resistencia, varía según la zona
geográfica e incluso según el hospital donde nos encontremos. La razón detrás
de esto viene de la evolución y adaptación que han ido realizando estes bacilos
con el fin de sobrevivir a su entorno. Como norma general, el S. aureus escapaz de colonizar
la piel y mucosas, así como sobrevivir sobre superficies, proliferar bajo temperaturas extremas o en ambientes altamente salinos.
Centrándonos
en el caso de las infecciones nosocomiales, las debidas a este patógeno se deben
a los dispositivos médicos permanentes, tales como catéteres, válvulas protésicas,
etc. que permiten la entrada de un número de Staphylococcus aureus,
que si bien es mínimo, al ir multiplicándose acaban causando infección.
Su diagnóstico se realiza extrayendo una muestra de calidad del foco de infección, mientras que su tratamiento dependerá de si es una infección localizada o sistemática. Así, en el primer caso se usa: trimetoprima / sulfametoxazol, doxiciclina, clindamicina o linezolid; en el segundo en cambio se usa oxacillina (si es sensible) o vancomicina; daptomicina, tigeciclina, o linezolid.
INFORMACIÓN SACADA DE:
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